Ha nacido el Hijo de la Virgen

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y también a los que están en otras naciones a través del satélite Amazonas o de internet, junto a los diferentes ministros de todas las naciones y todas las congregaciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Un especial saludo para el misionero, reverendo Miguel Bermúdez Marín, donde se encuentra en el día de hoy, que debe ser El Salvador o algún lugar cerca (no tengo aquí el itinerario de él, a la mano). Pero, Miguel, dondequiera que te encuentres: que Dios te bendiga y te guarde, y te use grandemente en este tiempo final.

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo! para todos ustedes, hermanos y amigos y ministros presentes, y los que están en todas las demás naciones.

Para esta ocasión queremos leer una Escritura que nos habla Isaías, capítulo 7, donde dice, el verso 14:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

“HA NACIDO EL HIJO DE LA VIRGEN”.

Es el tema para esta ocasión. Y vamos a pedirle a Dios que nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender nuestro tema: “HA NACIDO EL HIJO DE LA VIRGEN”.

Emanuel significa: Dios con nosotros [1]. Por lo tanto, sería la visita de Dios en un niño, en el cual habitaría, y a través del cual el Espíritu de Dios se manifestaría: en el cumplimiento de la Venida del Mesías y Su ministerio de tres años y medio en la semana número setenta [70], cubriendo la primera parte de esa semana, que son tres años y medio; porque esas setenta semanas de Daniel, cada una representa siete años, y por consiguiente son cuatrocientos noventa [490] años las setenta semanas del capítulo 9 de Daniel.

Después de las sesenta y nueve [69] semanas (para lo cual transcurren siete [7] semanas primero, y después sesenta y dos [62]), el Mesías aparecería en Su ministerio, y luego la vida al Mesías le sería quitada.

Por lo tanto, para el tiempo de la semana número setenta, el Mesías tenía que estar en la Tierra llevando a cabo el ministerio mesiánico y muriendo en esa semana número setenta.

Para lo cual, tenía que nacer muchos años antes en medio del pueblo hebreo, como un descendiente del rey David; para lo cual, una virgen, una mujer hebrea descendiente del rey David, tendría ese privilegio, esa bendición, de ser la persona a través de la cual… concebiría… la cual concebiría al Mesías-Príncipe; y el cual nacería a través de ella. Ella lo criaría; y luego, cuando llegara el tiempo señalado por Dios para Su ministerio, comenzaría Su ministerio al comienzo de la semana número setenta.

Y en la semana número setenta moriría, o sea, a la mitad de la semana número setenta.

Y ahí se pararían las setenta semanas: faltándole tres años y medio; o sea, faltándole la mitad de la semana setenta. Lo cual corresponde al tiempo de “la apretura de Jacob”, que es conocida como la gran tribulación, que ha de venir luego que finalice la dispensación de la Iglesia, o sea, la Dispensación de la Gracia.

Mientras llega ese momento, para cumplirse la segunda parte de la semana número setenta hay una brecha de dos mil años, que han transcurrido desde que Cristo fue crucificado hasta este tiempo. Y en esa brecha se ha estado cumpliendo la Dispensación de la Gracia, en donde Dios ha estado llamando de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre, el cual forma la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, para el cumplimiento del nacimiento del Hijo de la virgen, primeramente el Ángel Gabriel le apareció en San Lucas, capítulo 1, verso 30 al 36, a una joven virgen descendiente del rey David que vivía en Nazaret, y estaba desposada, comprometida, con un hombre o joven llamado José.

Y el Ángel le dice [verso 28]: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre todas las mujeres”. (Vamos a ver si así lo dice… Así lo dice).

[Verso 29]: “Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril”.

Con eso que le dice de su parienta, ¡le sube la fe a María!; y entonces María exclama:

“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”.

Ella creyó, y pidió que se hiciera como el Ángel había dicho; porque eso que dijo el Ángel era la Palabra de Dios a través del Arcángel Gabriel, que fue enviado de la presencia de Dios para darle esta buena noticia a esta joven virgen descendiente del rey David.

Era una princesa; aunque era pobre, pero era de la realeza.

De igual manera, José, con el cual estaba comprometido, era de la realeza también: era un descendiente del rey David por medio de Salomón, de la línea de Salomón; y la virgen María: por la línea de Natán, hijo de Salomón también. O sea, de Natán, hijo de David; y Salomón, hijo de David también.

O sea que los dos venían de David, a través de dos… de la línea de dos de los hijos de David.

Y ahora veamos cómo sucedió todo: en el capítulo 2, de San Lucas también [verso 1]:

“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado (o sea, era un censo de población).

Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.

E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.

Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;

para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.

Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.

Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón (o sea, no había lugar para ellos en el hotel o casa de hospedaje).

Había (entonces) pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.

Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.

Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.

Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:

¡Gloria a Dios en las alturas,

Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.

Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.

Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.

Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”.

Y ahora, la buena noticia para el pueblo —de parte de Dios a través del Ángel— fue que había nacido en Belén un Salvador, que es Cristo Jesús, que es Cristo el Señor.

Jesús: Señor y Cristo. Había nacido el Señor, el Cristo: Jesús.

Le fue puesto por nombre Jesús, que significa ‘Salvador’, ‘Redentor’; el mismo nombre de Josué. Jesús es Josué, es el mismo nombre.

Y ahora, nació en Belén de Judea el Hijo de la virgen. Esa promesa para la Primera Venida de Cristo correspondía a Israel.

Y ahora, encontramos que Dios dejó de tratar con el pueblo hebreo desde la crucifixión de Cristo; y se abrió una nueva dispensación, y el tiempo para la nación hebrea se detuvo.

Y ahora Dios ha estado buscando, llamando un pueblo para Su Nombre, en la Dispensación de la Gracia, para formar Su Iglesia, para formar un Templo espiritual compuesto por seres humanos; y por consiguiente, cada creyente en Cristo es una piedra viva que forma parte de ese Templo espiritual; de eso es que habla Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 10.

Y ahora, por medio del Hijo de la virgen, vean todas las cosas que han estado sucediendo:

La redención se llevó a cabo con la muerte de Cristo como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; porque la salvación vendría de los judíos[2], vendría de los judíos para todo Israel y para todas las naciones.

En la Simiente de Abraham, que es Cristo, la bendición de Abraham pasaría a los gentiles, dice San Pablo en Gálatas, capítulo 3, versos 11 al 21.

Y ahora la bendición de Abraham, porque Abraham sería bendición; por consiguiente, por medio de la Simiente de Abraham (que es Cristo, el Mesías) pasaría la bendición de Abraham, que estaba entre los hebreos, pasaría a los gentiles también; y de hebreos y gentiles Dios llamaría para formar Su Iglesia, que es llamado “el cristianismo”, compuesto por los nacidos de nuevo.

Y ahora, recordando que mujeres representan iglesias, la virgen María representa a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y por esa causa, a través de Su Iglesia, Cristo ha estado reproduciéndose en hijos e hijas de Dios nacidos de nuevo; nacidos no de carne y sangre, no por sangre y carne, ni por voluntad de varón, sino de Dios: por medio del Espíritu de Dios haciendo sombra sobre la Iglesia-Virgen, representada en la virgen María.

Ahora estamos en el tiempo final, donde la Iglesia es una Virgen pura para Cristo; y, por consiguiente, tiene que dar a luz hijos e hijas de Dios.

Para este tiempo final, la Venida del Señor está prometida para la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente el cristianismo está esperando la Segunda Venida de Cristo.

La Iglesia es como María; porque dice San Pablo que: “Él ha desposado a una Iglesia como una virgen pura para Cristo”. Eso está aquí en Segunda de Corintios, capítulo 11, verso 1 en adelante, donde dice:

“¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme.

Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo, “como una Virgen pura a Cristo”, San Pablo dice que la desposó. Allá su edad estaba como una Virgen pura desposada para Cristo, para Cristo reproducirse en hijos e hijas de Dios por medio del Espíritu Santo haciendo sombra sobre la Iglesia, o sea, manifestándose en medio de Su Iglesia.

Y por medio de la Palabra creadora, el Evangelio de Cristo para cada etapa, como en el tiempo de San Pablo, vendría a producirse en las personas el nuevo nacimiento: nacerían del Agua (o sea, del Evangelio) y del Espíritu (recibiendo el Espíritu Santo), y así entrarían al Reino de Dios. Así es como nacerían del Agua y del Espíritu, como hijos e hijas de Dios. Para el tiempo final también estarían naciendo hijos e hijas de Dios de la Iglesia-Virgen pura desposada con Cristo.

Y ahora, es a Su Iglesia y para Su Iglesia que está prometida la Segunda Venida de Cristo; y por consiguiente tiene que venir a Su Iglesia, representada en María; como la Primera Venida de Cristo vino a y a través de María, una virgen desposada con José, un descendiente del rey David; o sea que los dos pertenecían a la realeza.

Y ahora, los creyentes en Cristo son reyes y sacerdotes y jueces; son de la Realeza también.

En la familia de la realeza apareció el Mesías, nació el Mesías; en la casa de David. Y ahora en la Realeza tiene que aparecer la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Señor; que antes de comenzar el Reino Milenial tiene que aparecer en medio de Su Iglesia. Y está prometido que será algo secreto: cuando viene por Su Iglesia; pero luego, después de la gran tribulación, viene del Cielo con Su Iglesia para establecer el Reino Milenial. O sea que son dos cosas diferentes que hará el Señor.

Y ahora Él viene por Su Iglesia, en este tiempo final.

Allá cuando vino a través de la virgen María, vean, para muchos era un secreto, era una promesa que estaba sellada; se cumplió, y siguió siendo un secreto para la mayoría de las personas, un misterio; pero era el cumplimiento de la Venida del Mesías naciendo a través de una virgen pura, descendiente del rey David.

Y ahora, siendo que Cristo es la raíz y el linaje de David, ha estado teniendo muchos hijos e hijas de Dios a través de Su Iglesia. Ahí tenemos la Realeza: descendiente de Jesucristo el Hijo de David, el Rey de reyes y Señor de señores; y por eso es que son reyes y sacerdotes con Cristo, que es el Sumo Sacerdote y el Rey de reyes y Señor de señores.

Todo lo que Cristo es, lo son también todos los nacidos en el Reino de Cristo, todos los nacidos a través de Cristo y Su Iglesia.

Y ahora, Cristo, para el tiempo final, antes de la gran tribulación, viene por Su Iglesia con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios. (Y San Pablo…). Eso está en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17.

Y en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, nos dice que a la Final Trompeta va a suceder algo; dice que lo corruptible no hereda la incorrupción, ni lo mortal la inmortalidad; pero dice que seremos conforme a Su imagen. Y ahora, dice [verso 51]:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados”.

O sea, vamos a recibir una transformación, lo cual será la redención del cuerpo: vamos a obtener la inmortalidad física; y por consiguiente vamos a tener un cuerpo joven, que representará de 18 a 21 años de edad, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo; seremos a Su imagen y semejanza.

San Pablo dice que será a la Final Trompeta: “Porque será tocada la Trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán incorruptibles, y nosotros los que vivimos seremos transformados”. Esa es la promesa.

Y la Trompeta, esa Gran Trompeta, esa Trompeta Final, es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia con un Mensaje dispensacional: el Mensaje de la Dispensación del Reino, unido al Mensaje de la Dispensación de la Gracia; y eso es la Lluvia Temprana de la Enseñanza del Evangelio de Cristo y la Lluvia Tardía del Evangelio del Reino.

La revelación contenida en el Evangelio de la Gracia, en la Lluvia Temprana, es la revelación del misterio de la Primera Venida de Cristo: como Cordero, para morir como la Expiación por el pecado de los seres humanos. Y el misterio contenido en el Evangelio del Reino, o sea, en la Lluvia Tardía, es el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Con la predicación del Evangelio de la Gracia y del Evangelio del Reino —que será la Lluvia Tardía y la Lluvia Temprana cayendo a la misma vez— se comprenderá el misterio de la Primera Venida y de la Segunda Venida de Cristo.

Y así como nos dio la fe para obtener la redención, para obtener esa esfera espiritual y obtener el nuevo nacimiento, creyendo en la Primera Venida de Cristo y Su Nombre como Salvador, creyendo en la salvación (que salió de Israel)… Vean ustedes, obtenemos la redención espiritual y entramos al Reino de Dios.

Y luego, cuando obtengamos la revelación del misterio de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida de Cristo a Su Iglesia, entonces obtendremos la fe para la redención física, la redención del cuerpo, que es la adopción; que será, para los muertos en Cristo: la resurrección en cuerpos eternos, y para los que estén vivos en Cristo: la transformación; y entonces todos seremos inmortales, con cuerpos jóvenes y eternos, cuerpos glorificados, como el de Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, así como vigilamos y vimos a través de la Escritura el Hijo de la virgen que nació, en el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo; tenemos que estar vigilando a la Iglesia-Virgen de Cristo, que tiene la promesa de la Segunda Venida del Señor, tiene la promesa de la Venida del Señor.

El pueblo hebreo, cuando vea a Cristo, al Ángel del Pacto viniendo por Su Iglesia, dirá: “Este es el que nosotros estamos esperando”. Pero Él no viene por ellos, Él viene por Su Iglesia; pero ellos lo van a reconocer, porque Él va a estar en medio de Su Iglesia.

Y por consiguiente, tendrá el ministerio correspondiente al Día Postrero en medio de Su Iglesia; así como lo tuvo en medio del pueblo hebreo, el ministerio de tres años y medio, con el cual se detuvo al final la Dispensación de la Ley y se detuvo el trato de Dios con el pueblo hebreo, para abrirse una brecha, y los gentiles tener la oportunidad de entrar al Reino de Dios bajo un Nuevo Pacto; y muchos hebreos también han estado entrando al Reino de Dios bajo el Nuevo Pacto que Él prometió.

Cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, Dios volverá a tratar con el pueblo hebreo como nación; mientras tanto, trata con individuos del pueblo hebreo y de los gentiles. Y entre los gentiles hay millones de descendientes de las tribus perdidas; pero Él trata con individuos, no importa que sean de una u otra de las tribus de Israel. Pero cuando comience a tratar con Israel como nación, ya entonces habrá completado Su Iglesia.

Vigilemos al Hijo de la Virgen, al Hijo de la Iglesia-Virgen, que aparecerá en el tiempo final.

Muchos hijos ha tenido la Iglesia, porque Ella es el Cuerpo Místico de Cristo. Cristo es la Cabeza de Su Iglesia, y Su Iglesia es Su Cuerpo Místico de creyentes; y por consiguiente, es a través de la Iglesia y en la Iglesia que nacen los hijos e hijas de Dios de la Dispensación de la Gracia, para formar así la Iglesia: ese Templo espiritual compuesto por seres humanos.

Y ahora, estamos en la Edad de Oro, como se estaba en la Edad de Oro en el tiempo en que nació Jesús. Él fue el Mensajero de la Edad de Oro.

Por lo tanto, vigilemos la Edad de Oro de la Iglesia en este tiempo final, como podemos mirar también la Edad de Oro de la Iglesia del Antiguo Testamento, que es Israel. Y ahora la Iglesia del Nuevo Testamento es la Iglesia del Señor Jesucristo. La Iglesia: “los sacados fuera”.

Y ahora, vigilemos al Hijo de la Virgen, que está prometido para aparecer en medio de la Iglesia en el Día Postrero.

Fue dicho que la Novia, o la Iglesia-Novia, está en angustia, o sea, con dolores de parto, para dar a luz a Cristo; y por consiguiente, Él vendrá a Su Iglesia.

Será el Verbo de Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 al 19; y tendrá en Su vestidura escrito: Rey de reyes y Señor de señores. Y nadie conoce Su Nombre sino Él mismo; y Su Nombre es: el Verbo de Dios.

Por lo tanto, el Verbo nuevamente aparecerá en la Tierra; el Verbo, el Ángel del Pacto.

Y ahora, estamos seguros que Él aparecerá como Rey de reyes y Señor de señores, pues tendrá en Su vestidura y en Su muslo escrito este Nombre: Rey de reyes y Señor de señores. Su Nombre es: el Verbo de Dios.

El Verbo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios (o sea, el Ángel del Pacto)”. “Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros (y vimos Su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y virtud”. San Juan, capítulo 1, versos 1 al 14.

Luego el verso 18 dice [RVR-1909]: “A Dios nadie le vio jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró”.

O sea que fue a través del Ángel del Pacto —que es Cristo en Su cuerpo angelical— que Dios se declaró en el Antiguo Testamento; y luego, cuando se hizo carne, Dios se declaró, se reveló, a través de ese velo de carne en el cual estaba el Ángel del Pacto; y Dios estaba en el Ángel del Pacto manifestándose a través de Jesús.

Por eso Jesús decía: “Las obras que yo hago, no las hago de mí mismo; el Padre que mora en mí, Él hace las obras”[3].

Eran las obras de Dios por medio del Espíritu de Dios, que es el Ángel del Pacto, a través del velo de carne llamado Jesús. Y eso era Emanuel: Dios con nosotros; Dios manifestándose, morando y obrando a través de un velo de carne llamado Jesús (que en hebreo es Josué), y el cual es el Nombre de Dios. Por eso Jesús decía: “Yo he venido en nombre de mi Padre”[4].

En el nombre Josué, que le colocó Moisés a Oseas hijo de Nun[5], le estaba allí colocando el Nombre de Dios, que ya Moisés conocía, porque Dios se lo había revelado; y luego lo tienen otras personas, otros profetas; y luego lo tiene el Hijo de la virgen.

Para el Día Postrero, dice la Escritura que tiene un Nombre que ninguno conoce, sino Él mismo. Ese Nombre es importante para el cristianismo y para el judaísmo, porque con ese Nombre que tendrá el Verbo es que Dios se va a revelar a Su Iglesia y después al pueblo hebreo.

Jesucristo dijo: “Al que venciere, yo le haré columna en el Templo de mi Dios; y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre nuevo”. Eso está en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17.

Y también en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, nos habla de estas cosas.

Y capítulo 3, verso 21, nos dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Por lo tanto, el Nombre de Dios va a ser manifestado en este tiempo final, en la visita que Dios por medio de Cristo va a estar haciéndole a Su Iglesia en el Día Postrero.

Vigilemos al Hijo de la Iglesia-Virgen, que aparecerá en el Día Postrero; a través del cual Dios estará operando el ministerio del Día Postrero, o sea, del séptimo milenio y de la séptima dispensación.

Y cuando lo veamos podremos decir que, así como nació el Hijo de la virgen en Belén de Judea dos mil años atrás, y tenía el Nombre de Dios: Josué, que traducido al español es llamado Jesús (para muchos); también vendrá el Nombre de Dios manifestado en el Día Postrero en medio de la Iglesia, en el Hijo de la Iglesia-Virgen del Señor Jesucristo, el cual será de bendición para todos los cristianos, para todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo.

Y veremos el ministerio de Cristo, el Ángel del Pacto; veremos al Espíritu Santo obrando a través de él: trayendo la Palabra correspondiente al Día Postrero, y cumpliendo —Dios a través de él— lo que Él ha prometido para Su Iglesia. Y entonces podremos decir: “¡Ha nacido el Hijo de la Iglesia-Virgen en el Día Postrero!”. Cuando lo veamos, podremos expresar así nuestra alegría, nuestro regocijo.

Así como el Ángel Gabriel dijo: “Os doy nuevas (o sea, ‘os doy noticias’) de gran gozo para todo Israel: que ha nacido en Belén de Judea, que ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor”[6]. ¿Ve? Señor y Cristo; pero Su nombre es Jesús, que para los hebreos es Josué.

Y ahora, ese es el nombre que fue revelado también a Moisés, y por eso se lo colocó a Oseas hijo de Nun, que era el servidor de Moisés, un servidor de Moisés.

Y ahora, para el Día Postrero aparecerá el Espíritu Santo manifestado en medio de Su Iglesia para cumplir todas las promesas que Él le ha hecho a Su Iglesia para el Día Postrero. Y entonces, cuando veamos el cumplimiento de todas esas promesas, podremos decir: “Ha nacido el Hijo de la Iglesia-Virgen del Señor Jesucristo”.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio del Hijo de la virgen, que dos mil años atrás fue Jesús, naciendo a través de la virgen María. Para el Día Postrero habrá una Iglesia-Virgen: la Iglesia-Virgen del Señor Jesucristo, para traer, Cristo a través de Ella, hijos e hijas; y entre los hijos vendrá el Mensajero del Día Postrero.

Y ahora, nuestro tema ha sido: “HA NACIDO EL HIJO DE LA VIRGEN”.

Recuerde Apocalipsis 12: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, que estaba encinta y con dolores de parto, y luego dio a luz; ese Hijo que dio a luz es el Mesías-Príncipe, que fue arrebatado al Cielo para sentarse en el Trono de Dios.

Y luego, esa mujer encinta, que representa a Israel y también representa a la virgen María, en el Día Postrero también – para el Día Postrero también representa a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, nacer en Belén es nacer en Cristo. Todo el que ha nacido en Cristo (ha nacido de nuevo): ha nacido en Belén.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“HA NACIDO EL HIJO DE LA VIRGEN”.

[Revisión diciembre 2025]

[1] San Mateo 1:23

[2] San Juan 4:22

[3] San Juan 14:10-11

[4] San Juan 5:43

[5] Números 13:16

[6] San Lucas 2:9-11

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